La noche del 24 de mayo de 2026 quedará grabada de forma imborrable en la memoria colectiva del balompié mexicano. Tras un desenlace de película en Ciudad Universitaria, la afición de Cruz Azul desató una auténtica marea celeste que inundó las principales arterias de la Ciudad de México, teniendo como epicentro absoluto el emblemático Ángel de la Independencia. Las calles céntricas se convirtieron en el escenario de una catarsis colectiva que hacía cinco años no se experimentaba con tal magnitud.
El rugido de La Máquina invade Paseo de la Reforma
Apenas el árbitro central decretó el final del dramático encuentro del Clausura 2026 ante los Pumas de la UNAM, el silencio expectante de la capital se transformó de inmediato en un estallido de júbilo. Decenas de caravanas automovilísticas, repletas de familias unidas por los colores azul y blanco, comenzaron su peregrinaje desde distintos puntos de la urbe con un destino unánime: la histórica glorieta de Paseo de la Reforma.
Los cláxones resonaron con una intensidad rítmica que contagiaba a cada transeúnte, mientras miles de banderas con el escudo de la cooperativa ondeaban orgullosas al viento. Para el pueblo cementero, esta no era una celebración más; se trataba de la consagración de la ansiada décima estrella, un hito que pone fin a un lustro de sequía y tensiones, reavivando una pasión que nunca dejó de latir con fuerza. Conforme avanzaban las horas, la glorieta lució completamente abarrotada de fanáticos que lanzaban espuma, hacían sonar cornetas y cargaban con humor el peluche de ‘Costalito’ como el amuleto de la victoria.

Carlos Rotondi: De la redención a la inmortalidad celeste
El fútbol, con su naturaleza caprichosa, siempre ofrece revanchas perfectas. Durante las últimas campañas, el atacante argentino Carlos Rotondi había cargado con el pesado estigma de fallas puntuales en fases de eliminación directa, errores que en su momento apartaron a los celestes de la gloria y generaron severos cuestionamientos por parte de la exigente grada. Sin embargo, la historia tenía preparado un giro cinematográfico para el sudamericano en esta liguilla.
Cuando el partido agonizaba en el tiempo de compensación y los nervios consumían a los espectadores, Rotondi apareció de forma providencial para mandar el balón al fondo de las redes y sellar el campeonato definitivo. En el Ángel de la Independencia, su nombre se transformó en un cántico de redención generalizada. La afición olvidó de inmediato los sinsabores del pasado y lo elevó al estatus de héroe absoluto, coreando su apellido con algarabía y otorgándole un perdón unánime por los ‘pecados’ de torneos anteriores.

Melancolía y el eco eterno de la era Anselmi
Un aspecto profundamente emotivo y curioso de los festejos fue la evocación del pasado reciente. A pesar de su polémica partida rumbo al Porto de Portugal, el exdirector técnico Martín Anselmi se hizo presente en el imaginario colectivo a través de la música. Las bocinas portátiles de los aficionados comenzaron a reproducir “Andar conmigo”, el clásico tema de Julieta Venegas que se convirtió en el himno indiscutible de su exitosa gestión táctica.
Cantar esta melodía con los puños en alto sirvió como un tributo nostálgico a las bases tácticas y anímicas que permitieron edificar el actual plantel campeón. Los seguidores celestes demostraron madurez y gratitud, entonando con energía un tema que evoca aquellos momentos de comunión total entre el banquillo y la tribuna, fusionando el recuerdo del estratega con la alegría del presente.
La Sangre Azul y un cielo iluminado de pirotecnia
La noche alcanzó su punto máximo de efervescencia cerca de las 23:00 horas, cuando hizo su arribo triunfal el grupo de animación más representativo del club: La Sangre Azul. En una vistosa y organizada caravana, cientos de barristas se integraron a los más de cinco mil fanáticos que ya abarrotaban la glorieta del monumento. Su llegada inyectó una dosis masiva de adrenalina, multiplicando los cantos de identidad como el clásico “Yo soy celeste” y las infaltables dedicatorias de burla deportiva hacia los Pumas de la UNAM.
Con la barra llegaron los fuegos artificiales, pintando el cielo nocturno del centro del país con destellos multicolores que rivalizaban con la iluminación de los grandes rascacielos. De manera institucional, la imponente Torre BBVA se unió a la fiesta proyectando un monumental mensaje de felicitación para La Máquina, consolidando una velada inolvidable donde la Ciudad de México se rindió por completo ante el nuevo monarca de la Liga MX.
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